Durante mi formación como magíster en mitigación y adaptación al cambio climático desarrollé una investigación que, más que un requisito académico, se convirtió en un ejercicio profundamente conectado con los desafíos ambientales actuales. Mi tesis se centró en aplicar la metodología del Análisis de Ciclo de Vida para evaluar el potencial de reducción de gases de efecto invernadero (GEI) asociado al proceso de electrificación de la flota liviana de una de las empresas de servicios públicos más importantes de la capital de Colombia, responsable de prestar el servicio de acueducto y alcantarillado a cerca de 9 millones de personas.
La pregunta que orientó este trabajo era tan simple como relevante: ¿qué tan beneficioso es, desde una perspectiva ambiental integral, reemplazar vehículos de combustión por eléctricos? Aunque la electrificación suele percibirse como una solución evidente frente al cambio climático, el Análisis de Ciclo de Vida nos demuestra que ninguna tecnología es completamente inocua, pues cada producto lleva consigo impactos, desde la extracción de sus materias primas, su fabricación, uso y fin de vida.
Para responder esta pregunta estructuré la investigación en tres fases: Primero, realicé una caracterización detallada de la flota mediante el análisis de variables técnicas y operativas como el consumo de combustible, la edad de los vehículos, los kilómetros recorridos, entre otras, a partir de datos reales de un periodo de cinco años, lo que permitió comprender cómo opera realmente una flota corporativa compuesta por cerca de 350 vehículos.
La segunda fase consistió en desarrollar un Análisis de Ciclo de Vida comparativo bajo el enfoque de la cuna al uso (cradle-to-use, en inglés), entre un modelo representativo de vehículo de combustión interna de la flota y un equivalente eléctrico. Más allá de confirmar beneficios ambientales, el objetivo era entender los matices que conlleva este tipo de análisis e identificar en qué etapas del ciclo se concentran los mayores impactos y cómo estos pueden variar según el contexto.
Finalmente, integré los resultados técnicos con la visión de expertos para formular recomendaciones orientadas a apoyar la toma de decisiones en un proceso de transición tecnológica, que muchas instituciones públicas deberán enfrentar en los próximos años, dado los compromisos climáticos del país.
Uno de los resultados más relevantes fue estimar que electrificar la totalidad de esta flota puede reducir hasta un 80% de las emisiones de GEI, que se traducen en aproximadamente 900 toneladas de CO2 evitadas por año. Esto, se explica en gran medida, por la composición de la matriz eléctrica colombiana, caracterizada por una participación significativa de fuentes renovables. En consecuencia, la energía utilizada para la recarga de los vehículos eléctricos presenta una menor intensidad de carbono, lo que se traduce directamente en mayores beneficios climáticos frente a contextos donde la generación depende en mayor proporción de combustibles fósiles.
Así mismo, el estudio también reafirmó que los resultados de un Análisis de Ciclo de Vida dependen en gran medida del contexto geográfico y energético donde se aplique, pues condiciones como el origen de la electricidad, las distancias de transporte de materiales o los procesos de manufactura, entre otros, pueden cambiar considerablemente el balance de impactos; por ello, resulta clave comprender estos matices para evitar simplificaciones y tomar decisiones verdaderamente informadas.
Aportar información basada en datos y no únicamente en supuestos fue, sin duda, uno de los mayores propósitos de este ejercicio académico y una oportunidad clara de generar conocimiento aplicado, pues si bien la electrificación de flotas públicas responde a mandatos normativos y a compromisos climáticos cada vez más exigentes, no siempre existen estudios detallados que respalden estos procesos de transición dentro de las instituciones.
El camino no estuvo exento de retos, desde la consecución y análisis de miles de registros hasta el acceso a bases de datos especializadas en Análisis de Ciclo de Vida, cada fase implicó desafíos importantes, y una de las grandes reflexiones de esta experiencia es la necesidad de democratizar herramientas e información que permita replicar estos estudios de manera más accesible. Aunque se trata de una metodología robusta para la toma de decisiones en materia ambiental, su implementación aún depende en gran medida del acceso a software y bases de datos de alto costo.
Este proceso estuvo acompañado por la dirección de Sebastián Carranza Tovar, cuya guía fue determinante no solo en lo técnico, también en lo humano, su enfoque abierto, innovador y exigente creó un entorno académico donde las ideas podían discutirse con libertad y rigor, propiciando un ejercicio horizontal y constructivo que fortaleció mi pensamiento crítico y mi autonomía como investigador. Destaco particularmente su capacidad para reconocer oportunidades que no siempre resultan evidentes, así como su genuino interés por formar profesionales capaces de cuestionar y proponer.
Esta experiencia académica fue muy enriquecedora en términos profesionales. Soy ingeniero ambiental y magíster en cambio climático, y por casi seis años he ejercido como servidor público en Bogotá, Colombia, donde he contribuido a la gestión ambiental corporativa, desarrollando e implementando estrategias relacionadas con sostenibilidad, eficiencia energética, medición de emisiones y conservación de ecosistemas estratégicos para el recurso hídrico.
Actualmente me desempeño como asociado en transición energética en un centro de pensamiento y acción climática latinoamericano, lo que me ha permitido ampliar la mirada técnica para entender que la transición no es solo una cuestión tecnológica, sino que debe estar enmarcada en la justicia social y ambiental.
Me motiva seguir profundizando en el campo de la energía y la movilidad sostenible, convencido de que la transición energética es uno de los mayores retos y oportunidades de nuestro tiempo, y aspiro continuar desarrollando capacidades técnicas que me permitan contribuir de manera tangible a ese proceso. Más que una investigación académica, esta tesis reafirmó mi convicción de que las decisiones ambientales deben sustentarse en evidencia, para generar impactos reales y duraderos.

Christian Gutiérrez
Candidato a Magíster
en Evaluación y Gestión Ambiental

